Que les diga que leer mejora la vida no es exactamente una primicia. No obstante, me pareció la mejor excusa para este post y para celebrar junto a ustedes el Dia del Libro. Sí, la lectura -y los libros- mejoran la vida... ¿O no están de acuerdo conmigo en que cada vez que navegamos entre las páginas de una buena historia, nos permitimos un momento de evasión y de recreación y nos acercamos un poquito a la felicidad? Leyendo, el autor nos lleva consigo de viaje, compartimos a su lado aventuras, experiencias y situaciones emocionales que nos conmueven, nos asustan, nos enamoran, nos alimentan el espíritu y nos ofrecen refugio. Y si eso nos ocurre a los adultos, ¿Por qué no pensar que pueda ocurrirles lo mismo a l@s niñ@s? Leer es un regalo estupendo para nuestros hij@s, un regalo eterno y perdurable. 

Debo decirles que para escribir este post dediqué tiempo a revisar muchos artículos, foros y blogs en los que exponían las múltiples bondades que, para los niñ@s, los expertos atribuyen a la lectura. Me interesaba descubrir desde qué lugar la entendían y no se crean, fue un trabajo duro pero muy interesante.

Me encontré algunos que hablaban de los beneficios en el plano eminentemente cognitivo: aquellos que contemplan la lectura como un proceso potenciador del lenguaje, que mejora la ortografía o el pensamiento abstracto y lógico, además de ampliar el vocabulario. En otros, el énfasis recaía en la lucha como padres "responsables" por priorizar el enganche a la lectura como mecanismo alternativo para el siempre necesario resguardo de la imaginación, frente a la tendencia tecnológica -con cada vez más fuerza, todo hay que decirlo- que circunscribe el valor lúdico a las pulgadas que tenga la pantalla.

Ya me conocen, no utilizaré este post para repetir, porque aunque me parecen (con matices porque reconozco ser un poco quisquillosa) bastante correctos y razonables, creo que solapan el quit de la cuestión y, siendo fieles a nuestro estilo y al de este valiente blog, nuestro post de hoy es sobre todo una ventana para mirar el tema desde otra perspectiva. 

¿Qué si es bueno leer? ¡Pues claro! Y se los dice una que, entre otras cosas, desde siempre ha entendido los libros en la infancia como un objeto de juego más, indispensable e indisoluble de la vida infantil. Claro que es buenísimo leer, pero y aquí el matiz, es bueno en tanto y en cuanto nos sea divertido, o lo que es lo mismo, es bueno leer si nos produce disfrute.  Yo no es que sea muy objetiva en estos menesteres, porque claro, fan como soy de los álbumes ilustrados y de la narrativa en general, no les vendría a decir aquí otra cosa. Soy defensora de la lectura en los niñ@s pero hay aún más, soy una defensora de la lectura con los niñ@s.

Bienvenido amig@ lector al punto fundamental de mi planteamiento: El espacio vincular que podemos llegar a crear leyendo junt@s o lo que es lo mismo, la lectura entendida como un espacio común que luego se hará íntimo. Interno. Un lugar en el que las palabras y las imágenes, además de ofrecernos un instante de placer y recreación (ahhhh sí!  y de aprendizaje de vocabulario), nos regalará la oportunidad maravillosa y única de crear y fortalecer el vínculo afectivo con nuestr@s hij@s.

Leer tiene que ser un acto convencido. Nunca he escuchado a una madre o padre decir "da igual si sólo se alimenta de chuches, lo importante es que se meta algo en el estómago" y sin embargo y con más frecuencia de la que me gustaría, les escucho sentenciar orgullosos  "da igual lo que lea mientras coja un libro".  Como si el acto de leer se entendiese como un acto mecánico, de obligado cumplimiento, sin mayor trascendencia que el acto en sí mismo. Como si el criterio estético, narrativo, de fondo y de forma, perdiera toda validez frente a la urgencia de ver al niñ@ -y que le vean- con un libro entre las manos.

Siempre me he preguntado en esas circunstancias cómo, si cuidamos tanto lo que le alimenta, lo que viste o con lo que juega ¿no creemos que cuidar lo que lee merece también nuestra atención y mimo? Y no porque tiene que "aprender" con un libro, no soy de las que defiende que TODOS los cuentos SIEMPRE tengan que tener una moraleja o una lección, es más mi preocupación por entender y hacer entender al libro como un objeto magnífico y completo: Un libro es el papel en el que se imprime, son las ilustraciones que acompañan el texto, es la tipografía que utiliza, es el olor de sus hojas, la textura de sus páginas, es una historia bien escrita y estructurada, es una edición cuidada... ¡Un libro es todo eso! Y si no somos capaces de apreciarlo, de amarlo, difícilmente seremos capaces de transmitir a nuestr@s retoñ@s el amor a la lectura...

En nuestra familia, leer pasa por ser para el que lee una experiencia placentera para los sentidos. Hay niñ@s, primeros lectores para los que ese disfrute puede ser espontáneo y en soledad, pero tambien es frecuente encontrarnos con niñ@s a los que la lectura supone un desafío, a ell@s seguro les ayudaría mucho que el tiempo de lectura fuese asociado y experienciado como un momento grato, de encuentro. Un lugar en el que perciben la cercanía con sus padres, la confirmación de un momento especial, dedicado con amor y con el deseo de compartir con el niñ@ algo placentero para ellos. Es más probable que a un@ niñ@ le guste leer si ve a sus padres leyendo, es obvio, pero no porque lo entienden como un hábito, un hábito es asearse, sino porque l@s niñ@s percibirán que leer es un acto placentero que sus padres disfrutan y comparten con ell@s, es en este sentido que leer será un lugar de encuentro.

Observo con preocupación cómo en muchos foros, probablemente con la mejor intención no lo dudo, la "obligación" de leer se convierte más en una exigencia social que culpabiliza a muchos padres y madres, en lugar de lograr el objetivo loable de encender en l@s niñ@s   un  interés verdadero por las historias escritas. Sirva esta reflexión para decir que no hay que angustiarnos si nuestr@s hij@s parecieran no engancharse a los libros, porque la verdad es que no a todos les atraen las mismas cosas... A mí no me gusta jugar ajedrez y no creo que eso ponga en tela de juicio mi valía o capacidades (aunque confieso que sería bastante más metódica y probablemente con más destrezas matemáticas si lo hubiera hecho...) a lo que voy es que, como padres, podemos hacer mucho para ayudarles a descubrir el mundo literario: esto es, creando espacio de lectura ¿Cómo, me dirán ustedes? Pues leyéndoles nosotros, llevándoles a las librerías y dejándoles curiosear libremente entre las alternativas que les ofrezca el librero -son unos profesionales maravillosos- , dejando en casa y a su alcance libr@s adecuados a su edad, evitando que leer se vincule estrictamente al tiempo escolar-académico y aparezca en momentos de ocio y disfrute familiar. De corazón, madres y padres que nos siguen... no os agobiéis más... son tantas las exigencias de lo que "debemos hacer"  que perdemos de vista el objetivo fundamental: ¿el para qué lo hacemos?. Venga, paremos un momento para recordarlo...  Leemos un libro: ¡Para disfrutarlo!

La lectura es un valor pero sólo será un valor preciado si quien lee, encuentra en este acto un momento de entrega, de gusto, y de felicidad!  Un buen libro es un excelente compañero, es un vehículo único para dejarse llevar y vivir otras vidas, un momento de ensoñacion que nos traslada a lugares fantásticos, un viaje evocador y emocional que nunca nos deja indiferentes. Si pensamos eso de los libros, si compartimos esa experiencia y esa sensación en un encuentro sereno y divertido con nuestros peques, si les damos la oportunidad de elegir la  historia, si ofrecemos alternativas narrativas diferentes, si les acercamos con la convicción de que será un momento de disfrute común y apaciguador... Si, en resumen, convertimos la lectura en un momento de encuentro... seguro que habremos contribuido en alguna medida a que nuestr@s pequeñ@s vean en ese objeto mágico lleno de letras y colores, un mundo cálido, amigable y entrañable... Como los brazos de mamá y papá...

Feliz lectura y feliz día del libro!