Normalmente uso mi post mensual para recomendar libros, juguetes y juegos y, lo lógico, sería encontrar en Navidad una especie de wishlist en la que predominara una súper selección de top ventas. Lo siento. Hoy no lo encontrarán. Antes de que salgas desilusionad@ de esta página, te pido continúes leyendo y me permitas explicarte por qué.

Sabemos que el mundo en el que vivimos no nos deja tiempo para sentarnos a pensar aquello que de verdad nos haría ilusión dar/recibir a/de quienes amamos. Pues lo mismo le pasa a los peques. Estos meses tus hij@s y l@s míos son víctima fácil de cientos de catálogos gordos y brillantes con miles de productos. Nuestr@s hij@s a diario y durante dos meses continuados reciben  una avalancha en posters, marquesinas y revistas. En la tele interrumpen groseramente y con anuncios eternos su serie favorita, incluso hasta el punto de hacerles perder el hilo de lo que veían.

Mi post de hoy va precisamente de eso. De lo difícil que se lo ponemos a los peques. De la pérdida de distancia, de lo expuestos que están y de lo desvalidos que les dejamos.

Si hay algo que nos dicen con frecuencia en la tienda es que nuestros hij@s “tendrán de todo” y lo afortunados que deben ser por eso. Pues su fortuna no es esa. Su fortuna, en todo caso, pasa por otro lado. Si tuvieras una pastelería… estaría bien que inflaras a tus hij@s a bollos a todas horas? Pues no. Y probablemente con una juguetería tampoco estaría bien. La suerte en todo caso, será que pueden elegir, que durante todo el año tienen la oportunidad de ver concienzudamente los juguetes (esos que no les bombardean en anuncios) y en estas fechas, ya digeridos, decidir. 

 

Ilustración de Natascha Rosenberg

En este mundo moderno parece que elegir está mal visto. La tendencia es que lo mejor es poder tenerlo TODO! En mi casa siempre hemos pensado que es mejor poco pero escogido y bueno. Pero sobretodo, que lo mejor es aquello que de verdad tocará sus corazones. 

Ilustración de Natascha Rosenberg

 

Eso que se convertirá de objeto anhelado a juguete inolvidable. se que evocaremos en nuestra adultez con cariño y nostalgia en un cálido “recuerdo como si fuera ayer cuando recibí…., no cabía de la emoción, sin duda fue mi mejor Navidad!”

Trasladémonos al ahora y pongámonos en situación: Es Navidad, estás frente al árbol rodeado de adultos expectantes y con 15 o más paquetes enormes delante de tí… llenos de papel brillante, las luces aún relampagueando y un montón de objetos con cajas sorprendentes… ¿cuál crees que será el resultado? Te lo digo: Pasar de una cosa a otra, sin poder tener tiempo a mirar cada uno con detenimiento y sin poder sorprenderte porque Papá Noel o Los Reyes o El Niño Jesús ha leído tu carta… y te ha traído exactamente aquello que pasaste casi todo un año deseando con fervor… probablemente no podrás jugar con ninguno. Te sentirás tan agobiad@, tan exigid@ y tan desbordad@ que acabarás acelerad@ y como una moto tirando todo y mirando sin ver…

 

 

Ilustración de Natascha Rosenberg

No hablo de la austeridad versus la ilusión. De lo que trata es de ser capaces de transmitir en nuestr@s peques la importancia de elegir. De ilusionarnos, de hacer una búsqueda interna para pensar en aquel juguete o regalo que de verdad queremos. Que de verdad nos gustaría tener porque soñamos con él muchos meses con nuestra naricita pegada al escaparate. Es renunciar, si, porque elegir siempre es renunciar, pero es también hacer un proceso interno que recoloque las cosas y les de valor. Enseñarles a preguntarse por aquello que desean es también preguntarse acerca de su propia felicidad.  Al filtrar entre tanto afán de consumo, ese muñeco, esos bloques, aquel cuento o libro de colorear, la construcción o el videojuego que les iluminará la carita y les llenará de un brillo chispeante los ojos al arrancar el papel colorido, les estaremos ayudando a escucharse. Les estaremos enseñando que las cosas tendrán sentido si tienen un valor para nosotros: el valor de desearlas sobre otras. Al enseñarles el valor de escoger les estaremos enseñando que no tenerlo todo no es ser infeliz, les estaremos enseñando que escoger no es una pérdida sino un encuentro con nuestro verdadero deseo, ese que sí nos pertenece y no el que nos han impuesto arbitrariamente con un comercial de tv o la presión social. En definitiva, les estaremos enseñando a oírse y a saber que contactar con aquello que los hace felices no puede pasar por una lista infinita o por tenerlo todo, sino que la felicidad pasa por ser capaces de maravillarnos y de sentirnos afortunados de disfrutar a plenitud de aquello que hemos anhelado y esperado con paciencia… Creo, sinceramente que con esto les estaremos haciendo –a futuro- el regalo número uno de cualquier Wishlist honesta: conocerse y aprender a ser felices con sus elecciones porque, sencillamente, éstas serán el resultado de su personal e íntimo proceso interno de escucha y reflexión.

Que el Niño Jesús y/o Papá Noel les sorprenda y les deje al pie del árbol aquello que anhelan desde hace mucho y que llenarán vuestros ojos de chispitas...

Feliz Navidad para tod@s. 

Nathalie

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