Hay vida después del Cole.

"El niño tiene derecho al esparcimiento,

 al juego y a participar en las actividades artísticas y culturales"

(Artículo 31 de la Declaración Universal de los Derechos del Niño)

 

Parece mentira que tengamos que citar un artículo de la Declaración Universal de los Derechos del Niño para justificar el hecho (y derecho) natural que, sin ser muy iluminados, resultaría una obviedad en cualquier contexto. Ah! ¿Es que aún no les he dicho? Mi post de hoy va de deberes y si, me refiero a las tareas que a diario atentan contra el derecho de tod@s los niñ@s a jugar!

Que unos padres, muchos, hayan tenido que convocar una huelga de deberes escolares para el próximo mes de noviembre y que la importancia de dejar tiempo para el juego se esté elevando a discusiones parlamentarias no deja de sorprenderme. Fundamentalmente porque en mi humilde opinión, una sociedad progresista y sana ni siquiera debiera planteárselo como una disyuntiva.

Es un hecho contrastado, hay miles de estudios que lo confirman, desde el más cognitivista hasta el más emocional: L@s niñ@s deben jugar, es una necesidad vital. Y, partiendo de esta premisa científicamente comprobada todos debiéramos poder, como adultos responsables, garantizarles ese tiempo de juego a l@s chic@s. Pero no ocurre así. Los padres, madres, abuelas y abuelos, con mayor o menor éxito y disponibilidad, sacrificamos horas de actividad lúdica a rellenar fichas, copiar de libros y algunos con más tino que otros, responder a las angustiosas actividades académicas post-escuela. ¿De verdad no les parece delirante? ¿No son suficientes las al menos 5 horas que nuestr@s hij@s dedican a su "trabajo" escolar diariamente?

Maestros y padres entramos en un bucle de exigencias académicas que, además de absurdas, estoy segura de que no llevan a nuestr@s hij@s a ser más aptos, más listos o más felices. Llenamos sus horas "libres" de dictados, copias, cuentas y mapas hasta quedar todos agotados, rendidos y peor aún, hartos de una de las tareas más rechulis de la vida: aprender!

Siempre he sido una defensora de las horas de "tiempo muerto", esos ratos felices en los que niños y niñas encuentran la necesidad imperiosa de sobreponerse al "aburrimiento" encontrando acomodo en el juego libre o reglado solos o en compañía, inventando, creando, pensando y ¡voilá! Construyendo un mundo fantástico en el que re-crearse. Y digo re-crearse porque en esencia el juego y la fantasía, lo que nos ofrenda es a reinventarnos a nosotros mismos, a los pares y al mundo; nos deja explorar y encontrar respuestas a las preguntas que el "buen aburrimiento" nos depara. Salir al parque a jugar con los compis, correr tras el caco, escondernos mientras el de siempre cuenta fastidiado, saltar a la comba o sacar el parchís ¿te acuerdas? Esos, los juegos de toda la vida.

Los adultos "postmodernos" somos esclavos del tiempo y lo peor, es que sometemos a nuestros hijos a la misma esclavitud. Les ataviamos con responsabilidades que pertenecen al mundo adulto y que les imponemos sin ningún rubor. España es uno de los países europeos en los que l@s niñ@s invierten más tiempo en deberes en casa a la semana, pero paradójicamente es también uno de los países a la cola en la calidad del desempeño escolar. No hay que ser muy listo para entender entonces que no hay una correlación clara y directa entre deberes y aprendizaje.

La autonomía, la madurez y la responsabilidad son valores que debemos inculcar, de eso no cabe duda, mi cuestionamiento es si esa cantidad de deberes realmente influye en hacerlos mejores personas o si por el contrario coharta sus capacidades de aprender y descubrir el mundo por sí mismos. Jugar es para mí siempre un sinónimo de aprender. Trepar un árbol, subirse a un tobogán, mirar los insectos del jardín, andar en bici, coger sus muñequitos y con ellos emprender un viaje imaginario, leer un libro, escuchar música, bailar, construir con piezas, dibujar... Todo eso desarrolla su motricidad fina y gruesa, les invita a investigar, a hacerse preguntas a las que intentarán dar respuesta (explorando, pidiéndonos información o buscando entre sus libros), desarrolla sus habilidades sociales y de lenguaje... Y me pregunto ingenuamente ¿No es eso el aprendizaje? Actividades cotidianas familiares como ir a la compra son una poderosa herramienta: juegan con pesos y medidas, suman o restan las monedas necesarias para un pastelito, aprenden colores y vocabulario; discriminan grupos alimenticios (frutas, verduras y legumbres, por decir unos)

¿Has visto todo lo que pueden aprender en el súper mientras las familias hacemos una tarea indispensable para el equilibrio doméstico?. Todos pueden llegar a ser momentos de aprendizaje y les aseguro que más divertidos y, sobretodo, experienciales.

A mí, en lo personal, me preocupa cuando mi hija me dice que "aprender es un rollo", y claro, si se cree que aprender es estar sentada un montón de horas copiando, no me extraña su conclusión. La pasión por aprender es sin duda el mejor legado que como madre quiero sembrar en mis hij@s. Que se cuestionen las cosas, que se pregunten por qué llueve, por qué las abejas pasan tanto tiempo entre las flores, por qué sube una tarta en el horno o cómo pudieron construirse las pirámides. Y que conste en acta, que juro a todos los maestros y maestras que eso me da bastante más trabajo que la ficha de mates, la diferencia y he aquí lo sustancial de mi adhesión a la huelga de noviembre, es que mi hija será más curiosa, más proactiva, más creativa y yo, aunque seguro más agotada, me acostaré todas las noches un poco más feliz por saber que el tiempo de infancia no se le ha escapado entre las manos, como el agua de la fuente a la que no le ha dado casi tiempo de ir entre los deberes de lengua y "cono".

Hasta la próxima!

Nathalie

www.kamchatkatoys.com

P/D: si quieres leer el post de Mariana Primavera sobre los deberes del pasado mes de febrero, podes hacerlo pinchando aquí.