Confieso que he pensado mucho este post. He dado vueltas para escoger un libro que, cumpliendo nuestro objetivo, estuviera indicado para niñ@s lectores. Les prometo que estuve tentada a hablarles de una novedad editorial que me encantó -siendo honesta, siempre son un buen recurso para no reiterarse- pero al hilo del post de Mariana Primavera de la semana pasada, pensé que podría ser  más pertinente traerles una historia más cercana a la pubertad. Quizás como una manera de continuar con las preguntas propuestas por Mariana y por qué no? Como si el libro viniera a ofrecer alguna respuesta (o incluso mejor, más preguntas). 

Valga por delante la proyección, probablemente mi elección esté unida a mi condición de mamá de un adolescente, o a mi cuestionamiento incesante. ¡Vaya usted a saber! El caso es que, frente a la coyuntura de escribir mi post y, aún en la cabeza pululando las preguntas de Mariana, jugué a recordar mi adolescencia en un claro ejercicio de mirar hacia atrás, desde dentro, desde ese lugar que hoy habita mi churumbele, con la tímida esperanza de que ese puente me facilite entender los cambios de humor, las imposturas y las ambivalencias que a veces me toca lidiar en casa.

Confesiones aparte, hoy les hablo de un libro completo. Imprescindible. Que no, no es una novedad, pero que resume como ninguno muchas de las sensaciones que atravesamos tod@s pero que se hacen más evidentes en nuestros niñ@s (algún día tendré que dejar de llamarles así) durante la adolescencia. Jimmy Liao, su autor, logra dibujar -cuando vean la ilustración entenderán de que les hablo- los sentimientos pero sobretodo, nos retrata cómo tod@s, seamos niños, adolescentes o adultos, requerimos un instante de evasión y reencuentro para poder continuar asimilando y encarando la realidad. 

Esconderse en un rincón del mundo es, probablemente, un himno a esa sensación tan frecuente en los y las chavalas pre y púberes: El sentimiento de soledad, de no encontrarse o no saber nombrar lo que les acontece "por los adentros". Ese reclamo que habremos comentado u oído a nuestr@s hijo@s y sobrin@s muchas veces, aquel "nadie me entiende" cuyo desconsuelo al final descubre más su propia incomprensión de sí mism@ que la de los otros.

Esconderse en un rincón del mundo es, al final, aprender a reconocer que hay un lugar íntimo en el que puede ensoñarse, en el que puedes sentirte cobijado y protegido, en el que puedes ser como te apetece sin remilgos. Es ese lugar al cual acudir cuando la hostilidad parece acorralarte. Eso sí, como bien dice Liao, su autor, no para quedarte allí, sino para saberte encontrar, tomar un respiro, y seguir lidiando con lo que te acontece. Un lugar que nos habla de comenzar a hacernos cargo de nosotros mismos. De ser capaces de cuidarnos y guarecernos con autonomía. De crecer.

Si tuviera que contarte qué es lo que más me gusta de este cuento - además de la ilustración, que es impresionante y maravillosa- te diría que la humildad, la sencillez y ternura que emana de su narrativa. El estilo es fiel a su autor, Jimmy Liao, un mago donde los haya, cuyo lenguaje poético e intimista seduce a lectores jóvenes y adultos, acercándonos con agudeza a la reflexión profunda y personal. La primera vez que leí Esconderse en un rincón del mundo fue una experiencia preciosa, su colorido y ritmo dibuja claramente las dos dimensiones en las que se mueve la historia: la realidad y la fantasía.

A medida que nos adentramos en la lectura Liao va deshojando la angustia de un personaje que se siente en un inicio enfadado, fuera de lugar, incomprendido.  Y que en medio de su incomodidad decide enseñarnos su remanso, remanso que no es otro que el espacio interno que ha construido a lo largo del tiempo, imaginario quizás, pero que en todo caso le es suficiente para encontrar apaciguarse. Y acaso le espera lleno de flores, aéreo o con una mantita y una taza de chocolate caliente los días difíciles y de tempestad. Una suerte de recodo, seguro, en el que te ves a ti mismo, acompañándote y sintiéndote a gustito de haber sido capaz de encontrarte.

Es posible que al leerlo también recuerdes "tu rincón en el mundo" ese lugar al que te "transportas"  a través de la lectura, en sueños o en el cine cuando se apagan las luces y vuelves a ver (esta es la vez 1.325) aquella peli que te hizo reír y/o llorar por horas. Lo que nos deja claro Liao es que nuestro rincón del mundo, ese donde escondernos a ratitos,  será aquel que hayamos imaginado probablemente en nuestros juegos infantiles o el que hemos ido tejiendo con  las canciones con las que nos acunaban, con los besos que nos dejaron prendidos en el alma aquel día que nos caímos del columpio, con el montón de recuerdos importantes, imperecederos, esenciales, que hemos atesorado hasta convertirlos en una suave mantita tipo patchwork que nos arropa el alma los peores días y nos hace recobrar fuerzas para salir al mundo, al de afuera, al de verdad y volver a empezar!.

Feliz e íntima lectura.

Nathalie

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