Claro… Hoy hablamos de nuestra visita a ARCO.

Como cada año cuando se acerca ARCO tengo la misma duda. Voy sola o voy con mis hijos. Y cuando digo sola quiero decir con adultos… Por un lado recuerdo otros momentos de mi vida en los que me informaba de lo que traían algunas de las mejores galerías del mundo, donde iban a estar y quiénes eran los comisarios de los espacios colectivos… Era el momento del año en el que podía ver algunos artistas emergentes de cualquier lugar, artistas contemporáneos, que estaban en el panorama mundial del arte en este momento. Por otro lado asoma mis exigencias como madre: cómo negar la posibilidad a mis hijos de tomar contacto con el arte contemporáneo en una feria tan importante como es ARCO. Está claro, elegí, como cada año, ir con ellos y con Andy y su hija.

Entramos en ARCO por el pabellón 9. La intención era ir a ver la galería de Inés, Travesía Cuatro, de las primeras. Pero terminamos encontrando a Inés a las 5 de la tarde.

Al comenzar, nos sentimos perdidos, con esa sensación de no saber por dónde tirar…  poco a poco nos fuimos metiendo. Fuimos encontrando algunos lugares comunes entre todos. Encontramos unas pequeñas ventanas que nos hicieron coger a los más pequeños para que se pudiesen asomar y descubrir que escondían, una instalación de Emilio Rojas en la que hablaba de arte y educación, artistas que ponían en tela de juicio la autoría de las obras…incluidas las suyas. Por supuesto también quiero mencionar Arcokids, donde los niños, con padres previsores, pueden hacer talleres con artistas como Pilar Cavestany, Piedad Palacio y Paloma Moreno del Real. Además los fondos recaudados se destinan a La Fundación Pequeño Deseo hace realidad los deseos de niños y niñas que tienen enfermedades crónicas o de mal pronóstico, con el fin de apoyarles anímicamente.

Pudimos acceder a los espacios de descanso: en el diseñado por Izaskun Chinchilla me encontré con compañeros de colegio, que actuó como lugar de encuentro entre mi presente y mi pasado. Y en el diseñado por Andrés Jaque pudimos almorzar y sentimos que nos transportó a la plaza de un lugar en fiestas con mesas corridas.

Lo mejor para los niños… Eligieron sus obras preferidas.

 

 

 

Lo mejor, para mí, fue conseguir visitar con mis hijos de ARCO, sin pensar que hay una ruptura insalvable entre disfrutar del Arte e ir con ellos. Una reconciliación entre ser madre y mi interés, personal y profesional, por el arte. Espero recordarlo el año que viene y no volver a plantearme ir sola o con ellos, ni sentir que mis hijos tienen que estar allí porque es una oportunidad que no puedo permitir que pierdan.

En su lugar espero poder preguntar… ¿Quién quiere ir a ARCO?

María

www.elartescopio.es