Mis recuerdos de cuando tenía 6, 7, 8…10 años sobre el colegio me han ayudado mucho a entender cuando aprendemos y cuando no.

Debo decir que tengo un vago recuerdo de las clases con profesores hablando interminablemente sobre no sé qué. No consigo recordar ninguna emoción unida a ninguno de los contenidos de las clases. Y curiosamente no recuerdo tampoco los contenidos en sí. Sé que algunas de las cosas que estudié me gustaron, incluso me encantaron. Pero creo que, como estaban aisladas, sin relaciones con nada que perteneciese a mi mundo ni a ningún otro mundo, no puedo saber que era aquello con lo que disfruté. Son muchos años de aprendizaje para no tener muy claro que hacia allí.

Si recuerdo colarme en la parte de detrás del colegio, en el aparcamiento de profesores, las gradas que daban al campo de futbol o el día que decidí no ir al comedor. Y también recuerdo las risas, miedos, alegrías… en el patio.

Podría parecer que no aprendí nada significativo, sin embargo estudiando en el colegio tome la decisión de matricularme en la Escuela de Bellas Artes, elegí lo que quería hacer. No estoy segura de que me llevo a eso, pero si sé lo que no me llevó.

No fueron las clases de Historia de arte que recibí en los últimos años de enseñanza. Estas clases eran las únicas en las que se estudiaba arte y no recuerdo otra cosa que estudiar nombres y fechas. No es que yo desprecie tener ese tipo de información, pero no teníamos ningún motivo para recordar nada sobre lo que estudiábamos. No tenía ningún sentido en sí. El único sentido que tenía era el de sacar buenas notas. El sistema de control de lo que estamos aprendiendo terminó siendo el único fin.

No fueron las clases de dibujo tampoco. Si recuerdo disfrutar de dibujar en los primeros años de colegio. Pero el recuerdo se diluye cuando pienso en cursos superiores. Lo que recuerdo de estas clases es que era maravilloso no tener matemáticas o historia. Era como si fuesen momentos de descanso de “lo serio”, de “lo que merece la pena” o de “lo que es importante”.

Cuando pienso en procesos que me llevaron a tomar la decisión de estudiar arte no me viene a la mente nada más una cosa del colegio. Y además no parece que tenga un vínculo directo con mi decisión. Durante unos años una constructora cedió unos terrenos al colegio y el director decidió abrir una lista de participantes para tener un huerto. Y así plantamos, regamos y cuidamos nuestras plantas. A algunos les llevo a preguntar e informarse sobre las patatas, maíz o pimientos. O hacerse expertos en cuando plantar el arroz y como se debe regar las zanahorias.

A mí me dio por observar que pasaba en mi huerto y en los más cercanos al mío. Si era un huerto vecino, pegado al mío y algunas de sus plantaciones superaban a las mías, entonces merecían mi interés. Ningún huerto que estuviese a más de tres huertos del mío, tenía ninguna importancia para mí. Las hojas arrugadas de las patatas, la velocidad de crecimiento del maíz o el color de las zanahorias, tiene más que ver con mi elección de estudiar Bellas Artes que cualquier clase que recibí en el colegio.

Mi huerto me colocó en una disposición de búsqueda. La naturaleza cambió para mí. Paso a ser algo construido y relacionado con muchas otras cosas de mi vida que tenía que tener en cuenta. No solo el proceso de preparar el terreno, plantar o regar. Además está la elección  de lo que plantas y de cómo lo vas a hacer, para lo que manejábamos parámetros reales: que existencias teníamos en casa, que se podía plantar en la época que se repartían los huertos, cuantos recreos podíamos dedicar a los cuidados sin quedar fuera de los juegos de clase…

El Huerto, construir una cabaña con rocas y palos en la sierra de Madrid, escalar un árbol con arnés o mirar tumbada en el asiento de coche el trozo de cielo que se ve por la ventanilla, son experiencias que, en mi caso, me han hecho sentir emociones similares a las que he experimentado en los procesos de producción artística. Estos son los momentos en los que más aprendí, en los momentos que me emocione, en los que encontré sentido y me transformaron en alguna medida.

Cualquier experiencia puede ser el inicio de eso que te encanta… Recuerdas la tuya?

Maria

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