El año ha comenzado y con el nuevos propósitos para encarar el mismo. Los padres y madres  solemos habitualmente ligar estos propósitos a la vida familiar.

Retomando los últimos post , donde mencionábamos y nos adentrábamos en la adolescencia sería importante describir esta etapa para muchos tan intensa como maravillosa.

Cuando hablamos con padres y madres de niños pequeños, que nos acercan  sus preocupaciones  de  cómo transitar esta etapa, cierro los ojos  y traslado estos diálogos hacia la adolescencia misma. Etapas que se transitan con incertidumbre y con cuestionamientos de cómo hacer,  como dirigirme a ellos, como sostener el enfado,  como poner límites. La diferencia con hijos mas mayores es que ellos también se preguntan o ellos aun no saben  que les  esta  sucediendo.

 foto de Camen H

Lo construido hasta este momento se mueve para dar lugar a una nueva construcción: la propia. Esto genera angustia, mal humor, enfados permanentes, alegrías y  miedos entre otras cosas. Y para construir, hay que conocer  llevándonos  a la búsqueda de recursos y herramientas; y mientras se busca sueceden muchas cosas.

Cuando los papás de niños pequeños intentan y ponen en práctica  su capacidad de escuchar, la paciencia, y sobre todo el acompañar….y pueden, lo disfrutan, parecieran  comprender  entre otras cosas que una rabieta no es algo personal hacia ellos. Es simplemnte un pedido de sus hijos al que hay que poder poner palabras. Nada de lo que sucede con sus hijos es un acto hacia ellos sino la búsqueda de algo que seguramente se necesita.

La diferencia con los años es saber que los mismos adolescentes además de no saber que les sucede  se encuentran en una búsqueda, derribando construcciones, quedándose con piezas que les sirven, seleccionando y conociendo para hacer la propia. En esta construcción nueva nada de lo que se haga seguramente sea personal hacia sus padres y madres, como pasaba cuando eran mas pequeños.

Es la necesidad de manifestar algo que no encaja, que no se sabe que es, que los  hace diferentes a sus padres, buscando su identidad, su sello propio.

El desconcierto no solo lo viven los padres y madres , el desconcierto lo viven nuestros hijos y esto genera entre otras cosas incertidumbre que deviene en no saber que hacer, ya que es novedoso.

Cuando lloraban por el autito rojo o la muñeca  seguramente nos llenábamos de paciencia  e intentabamos acompanarlos en esto de no saber que les sucedia? Y hacíamos por poner palabras a o lo que estaba ocurriendo.

Pareciera que esta etapa la adolescencia nos pidiera esto mismo: acompañarlos y buscar la mejor forma y esta aparece cuando estamos conectados con ellos, con lo que les esta sucediendo y están transitando.

 foto de Camen H

Saber que acompañamos su singular  construcción, que seremos testigos y participes de este maravilloso acto, que podremos abrazar, reir, enfadarnos, llorar, angustiarnos con ellos pero con la certeza que pasará y que ellos no lo transitan  asi, para ellos pareciera ser todo su mundo, que no hay mas que el Hoy intenso .

Manejamos certezas, esto nos debe dar tranquilidad  para ofrecerles a ellos lo que tenemos: nuestro  amor  y sobre todo el compromiso de ser auténticos, con nuestras carencias y límites. Madres y padres verdaderos que acompañamos su construcción singular hacia el camino de la adultez.

Cerramos los ojos, surgen nuestros nuevos  propósitos y con ellos el deseo de transitar esta etapa en la vida de nuestros hijos  acompañándolos en el devenir de su propia construcción.

Mariana Primavera

Psicopedagoga