Empezamos el año escolar y atrás parecieran quedar las tan ansiadas vacaciones. Todo pasa muy de prisa y no hay tiempo porque claro hay que prepararse y sumergirse en otra realidad muy diferente a la que dejamos atrás. Cambian las caras, cambian las formas, cambian los horarios, cambian sustancialmente las rutinas y rápidamente aparece en escena el tan temido stress rutinario que nos pareciera alejar de lo maravilloso vivido apenas unos días atrás.

Considero que el comenzar o el recomenzar algo: colegio, trabajos, etc. no es mas que un nuevo escalón en nuestro gran aprendizaje, este nuevo se sostiene sin duda de lo vivido. Concretamente el buen tiempo sin stress esta presente sosteniendo el día a día, nuestro devenir cotidiano.

Algo tan importante que sustenta lo que vendrá pareciera diluirse por el ritmo que nos proponemos y nos proponen llevar. Aquí considero que surge la verdadera oportunidad de hacernos y hacer personas con la posibilidad de ser memoriosos.

Rescatar permanetemente la memoria y persisitir en ella. No olvidar. Cuando se acaban las  vacaciones mucha gente hace alusión si ha sido un buen verano o no, ciertamente hay un balance, un mirar, un observar en acción. Ese balance del que debiéramos apuntar lo bueno, como aquello que no pudimos y que deseamos modificar.

Una mamá en consulta me comentó que hubiera deseado jugar al escondite este verano con sus hijos y que le ha  quedado esto por hacer. Pero el deseo persiste y es donde la memoria debe aflorar para pasar a la acción.

 

Sostener aquello que nos hace felices y buscar aquello que nos dara la felicidad promoviendo nuestro deseo. Apelo y apunto a recordar, valorar lo vivido pero no cerrarlo en “fue un buen verano”…Abrir el juego que nos dejó el verano. Mantener aquello que nos hizo felices, trabajar lo que no…pensar y transformar. El año es largo y nos brinda la posibilidad de hacerlo. Concretamente intentar detener el tiempo aunque sea una vez, inventarnos un domingo de vacaciones. Dejar todo lo que pareciera importante para hacer aquello que nos hizo felices en nuestro verano como  jugar al escondite.

 

Buena memoria y persisitir es sin duda una oportunidad que nos trae el curso que esta llegando,  con la sutil posibilidad de mostrarles a nuestros hijos  que recordar es posibilidad de esperanza.

 

Mariana Primavera

Psicopedagoga

P/D: hace un año Mariana escribia este post sobre la adaptación al cole