Más o menos ocurrió como os lo voy a contar. Más o menos la cosa fue que Javi trajo el otro día la nueva alacena que hemos hecho para nuestro salón, que es enorme y azul marino. Marino más o menos, porque yo al azul marino lo considero unos tonos más hacia lo oscuro pero bueno, da igual, porque queda bien con el amarillo de la mesa y el rojo de la lámpara, así que todo se organiza en armonía colorida.

“Mira que te gustan los colorichis” me dijo una amiga que estaba conmigo. “Y mira que me gustan a mí también, que lo veo así en esta casa y me digo que qué mono pero luego, en la mía no lo veo. Yo tiro más hacia los colores tierra y naranjas, los ocres, los colores crema, justo lo que no hay nunca en vuestra casa. Pero es que yo necesito que mi casa, nada más entrar, me transmita calidez de hogar”. 

Y yo, que soy muy de recoger ideas el vuelo y muy de pensar para adentro, me he quedado ahí enganchada a esta conversación y le he estado dando varias vueltas últimamente. Desde que no veo los debates de La Sexta, no barajo argumentos sesudos con los que cabrearme sola, así que me doy al libertinaje y pienso en estas cosas banales de la vida cotidiana. Y lo convierto en ese tipo de pensamientos a los que les dedicas unas horas mientras haces la compra o friegas los baños. Sobre todo a la última parte, a esa de la calidez de hogar. 

He estado pensando en círculos, no os creáis que he llegado a ningún puerto de provincias. Ha sido más bien un vagar por el desierto de mi mente y bueno, creo que he dado con una idea que, ¡quién sabe!, puede ser el germen de algún premio Nobel del futuro y por ende, no puedo guardármela para mis adentros.

Mi amiga necesita, claramente, que su hogar le transmita calidez. Y yo, pensándolo bien, lo que necesito es que mi casa, más que calidez de hogar (que también), lo que necesito es que me transmita sobre todo, alegría. Necesito rodearme de vida, de vitalidad, y por eso me gusta el color. Me pone las pilas y hace que las energías, esas en las que no creo, fluyan por todos lados como espadas vengadoras atacando los malos humos, en los que me gustaría no creer tampoco pero que a veces me persiguen. ¡Viva el alboroto! La paz, me aburre. El blanco y el color beige me enmustian. Y me voy a pa gan do po co a po co y zzzzzzzzzzzzzz…

Foto: Revista El Mueble

 

 

Foto: Revista El Mueble

Y siguiendo el hilo de mis divagaciones, que al final me he animado con la idea de ser una visionaria de la psicología de la decoración, me he dicho “a ver Lauri si va a resultar que la gente no decora según los gustos que tiene, sino de acuerdo a las sensaciones que necesita que las estancias le transmitan” y me ha dado un sobresalto porque no suelo hablarme yo así de seria a mi misma ni suelo dirigirme a mi yo interior en semejante diminutivo cursilíneo. Y esto tiene que ser una señal, está claro clarinete.

Foto: Dabito, para el libro The New Bohemians: Cool and Collected Homes de Justina Blakeney

 

  

Foto: Dabito, para el libro The New Bohemians: Cool and Collected Homes de Justina Blakeney

  

Foto: Dabito, para el libro The New Bohemians: Cool and Collected Homes de Justina Blakeney

 No sé que dirían Freud y Jung de este descubrimiento pero, lo mismo, igual que detrás de mi casa colorida hay una necesidad de alegría, o de calidez en la casa de mi amiga, detrás de una decoración minimalista hay en realidad una necesidad imperiosa de tenerlo todo dominado, una necesidad de saber que todo está bajo control y que nada escapa al ojo humano. No sé, qué os parece esta nueva teoría? Será una teoría ya existente? Y entonces, qué creéis que se esconde detrás de una casa estilo boho, una estilo industrial o una noretnic?  Y vosotros, qué buscáis en la decoración de vuestra casa?

Laura

www.picapino.es