Este año me he hecho el propósito de no hacerme propósitos por escrito, porque me ha pillado el cambio al 2016 con el blog patas arriba (estamos de reformas) y no sé dónde hacer la lista, que ya esto de apuntarlos en una libreta para que no las lea nadie más que una misma, no se lleva. Será porque me traiciono tan fácilmente que necesito del ojo ajeno para ponerme seria y no salirme de mis promesas de arranque anual, será que necesito que sepáis todo de mi no vayáis a pensar que soy una cualquiera, digo yo, pero el caso es que no las he escrito en ningún sitio. Eso sí, me he leído todas las de las demás y las he apuntado mentalmente por si me sirven.

Pero ojo al dato, que lo que sí que voy a hacer es deciros una cosa muy importante. Una especie de “a Dios pongo por testigo que nunca podrán derribarme (…)” pero con menos melodrama, sin barro y peinada. Ahí va (hay que pinchar aquí primero): el año que viene, a Papel Picado y su gente pongo por testigo, que me piro a comerme el turrón a Australia, el Caribe o donde quiera en el globo terráqueo que haga calor. Cuanto más mejor. Chssttt, ustedes, los del otro lado del mundo, háganme un hueco en la tumbona que yo espero al 2017 en chanclas y con el bikini puesto, que las bufandas me dejan como una lija la piel de la papada. 

Que sí, que precioso, que la navidad con nieve (o con frío como consuelo) es muy bonita, oh qué maravilla del márketing, una preciosura esperar a Papá Noel que viene en su trineo mágico desde Laponia, todos esas bolitas del árbol con destellos de hielo… ¡y una mierda! (con perdón) ¡ahí os lo dejo para vosotros!

Yo el año que viene sacrificaré mi legado cultural navideño y ya si eso me repongo del presunto trauma ocasionado bañándome el 31 de diciembre en una playa soleada con Javi y mis hijos, tomándome un cóctel de frutas exóticas debajo de la sombrilla, para ver si pasa el mal trago. Ya veréis cómo volvemos de tristes, ya… Súper tristes, seguro. Ya me lo estoy imaginando. Va a ser horrible tener que pensar cómo me quito bien la arena de la playa de entre los dedos de los pies en vez de sacar el libro de aritmética avanzada para colocar a toda la familia en la mesa sin que haya hecatombes de alcance internacional. Uyyyy, sí, espantoso... O decidir si me pongo el pareo rosa anudado al cuello o como falda con un lazo en la cintura en vez de si les gustará a todos la carne con verduras que he preparado. Sí, ¡qué fastidio!.

En fin, que me contéis qué os parece nuestro plan (bueno, Javi aún no lo sabe pero no creo equivocarme si os digo que haría las maletas con bastante júbilo). Y decidme con tiempo si os apuntáis, para ir organizando un precio especial de grupo e ir avisando en Laponia y Oriente que este año, si no es mucho pedir, nos traigan de regalo unas gafas de snorkel y unas aletas, que es lo único que necesitamos para aprender a bucear entre corales. Seguro que ellos se traen unas de repuesto porque, qué queréis que os diga, a quién le gusta el frío?

Laura

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