¡La cocinita, que sea de madera por favor!

Me van ustedes a perdonar, pero no hay color. Vamos hombre, ¿dónde va a parar? Como una cocinita de juguete hecha con mimo, una a una, con amor e ilusión, pensando en los niños y niñas y no exclusivamente en negocio, no hay nada.

 

Foto: Picapino

 

¿Cómo puede competir un juguete de madera con uno de plástico, con luces, sonidos y multitud de complementos? Pues precisamente por eso: porque no tiene luces, no tiene sonidos y es básicamente, sencillo. Y esto, deja mucho recorrido para que esos espacios vacíos de todos los estímulos del mundo que no tiene, sean llenados por la imaginación de los niños y las niñas. ¿No hace ya que eso merezca la pena?

Para escribir este texto, para documentarme y decir cosas sesudas que os dejen con la boca abierta y no dudéis ni por un minuto de mi cultura popular, he estado leyendo sobre los beneficios de los juguetes de madera y he de deciros que son múltiples a la par que verdaderos. Yo he elegido unos cuantos para no hacer esto eterno.

Por un lado, estimulan el tacto y con él una batería de sentidos sensoriales supraamorosos, ya que nuestro código genético está programado para tocar materiales naturales como la madera desde que nacemos (como veis, os dije yo que en este post hoy había nivel), dentro de los cuales no entra el plástico ni sucedáneos. Los cavernícolas no tenían Fisher Price y por tanto, no nos dejaron ese legado en los cromosomas. Por eso, debe ser, que cuando somos pequeños o pequeñas y vemos un palo, nos hacen los ojos chiribitas. 

 

Foto: Picapino

Por otro lado, he deciros que los juguetes hechos a mano con amor del bueno, duran más sin desmontarse o sin necesidad de apaños. Son casi indestructibles, como elementos biónicos resistentes a las adversidades y los contratiempos. Es más, con el paso del tiempo, se vuelven maduritos interesantes en vez de trastos viejos, con lo que al final, los dejas de recuerdo y pasan a tus nietos y esto, conecta a su vez, con la filosofía del consumo responsable y el cambio climático. Ahí es ná.

El próximo argumento a favor tiene que ver con la rendición. Porque sí, asumámoslo, una casa con menores rondando, es una casa sin barreras. Y al final, el lego termina en un cesto en el salón (con suerte en el cesto), las muñecas se convierten en decorativos cojines con ojos y pelos en maraña, la bici ya no sabes ni dónde ponerla y bueno, la cocinita acaba siempre o bien en el pasillo o en un rincón del comedor. Así que , antes que luchar contra el enemigo, mejor unirse a él y comprarse una cocinita que sea mona, que pueda pasar perfectamente por un mueble multiusos más.

 

Foto: Macarena Bilbao

También he de deciros que la producción manual en cadena de un eslabón es más permeable a adaptaciones sobre la marcha a los diseños existentes, permitiendo incorporar, de un día de insomnio para otro de valentía, nuevos ajustes que mejoran el producto. No hace falta cambiar máquinas carísimas ni llamar a nuestra fábrica de Bangladesh para que los trabajadores y trabajadoras hagan horas extras de más sin sueldo, incluidos los menores de edad. Aquí se entra en el taller, se saca la llave 3-14 y andando, a cambiar lo que nos da la gana para hacer mejor nuestro producto. Mejor para los niños y niñas, no para mi retiro en Cádiz al lado del campo de golf.

 

Foto: Ephimera Play

Y ya, porque tenía que decirlo y ustedes me van a perdonar, porque comprando a pequeños artesanos, el mundo gira mucho mejor sobre su órbita. Podría decirlo con palabras y quizás este mensaje apele un tanto de más para mi gusto a la lágrima sobre la mejilla, pero es así. Por favor, lean ustedes y obren en consecuencia.

 

Y del precio de las cosas, hablamos en otro momento.

¿Os he convencido?

Laura

www.picapino.es